sábado, septiembre 03, 2005

Árboles viejos

Cuando te vayas quizás quedaré solo para entender que los árboles se deshojan mucho antes del otoño, que la savia escurre en dirección al cielo
y que las hojas muertas viajan leves hasta besar el sol, reseco y gastado.
Y entenderé que a veces el filo no fue suficiente ni piadoso con tu madera furiosa,
que viviendo junto al río tambaleaste sobre el agua que bebías
y el tiempo llevó tus ramas una tras otra.
Entenderé que torcido como estabas no conociste nunca el mejor sur o el inclemente norte
hacia donde orientar ese follaje escaso que buscaba el sol, cualquier sol.
Entenderé que las semillas que descolgaste al mundo crecieron a tu sombra
y ahora te empujan hasta el cauce después de cada crecida del caudal.
Vendrá el viento final, vendrá callando el golpe, mi querido y viejo árbol, arbolito inmenso
que me abrigaste tantas veces y entenderé
que no siempre se puede pedir perdón por cada rama que cae sobre los renuevos,
que la ruda corteza suele ocultar nudos que nos sostienen y nos retuercen.
Entenderé que tú no entiendas, que te vayas desganchando y otras cosas entenderé.

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